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Ecos del Congreso |
Ayer a las doce del día, en el antiguo templo de San Agustín se llevó a cabo la inauguración del Congreso. En este acto tomaron la palabra el Presidente de México, Doctor Ernesto Zedillo Ponce de León ; los premios Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, Camilo José Cela y Octavio Paz ; así como el Rey de España S.M. Don Juan Carlos I.
En breves intervenciones, cada uno de ellos coincidió en la importancia de la lengua española como agente unifica-dor de los pueblos y en los retos que la lengua tiene que enfrentar ante el desarrollo de los Medios de Comunica-ción y las Nuevas Tecnologías.
El Presidente Zedillo recordó que fue precisamente él, cuando en su calidad de Secre-tario de Educación estuvo en la Exposi-ción Universal de Sevilla en 1992, quien propuso que México fuera la sede de un Congreso de la Lengua Española. México era la sede idónea, pues es aquí donde se origina la Comu-nidad Hispana más grande del mundo. En su discurso, el Presidente afirmó que el español es la lengua del mesti-zaje y de las libertades. En español están escritas las Actas de Independen-cia y las Constituciones de nuestros países. A partir del español también, se construyen las cada vez más sólidas democracias que nos representan. El reto que nos plantea el futuro se resol-verá a partir del diálogo. Conversación en la cual todos tenemos participación. Un diálogo basado en el entendimiento y en el respeto, para lo cual la lengua como vehículo de comunicación tiene una importancia fundamental.
Gabriel García Márquez inició su lectura refiriéndose a una anécdota bastante ilustrativa sobre el poder de la palabra. Siendo niño, un grito dicho en el momento preciso evitó que fuera atropellado por una bicicleta. Aquel poder era muy bien conocido por los mayas, quienes incluso tenían un Dios especial para las palabras. Piensa que nunca como hoy ese poder ha sido tan grande. La humanidad entrará en un tercer milenio bajo el imperio de las palabras. La imagen en lugar de des-plazarlas las está potenciando. Nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la Babel de la vida actual. El derrotado es el silencio. Los idiomas se dispersan, se mezclan y confunden hacia el destino de un lenguaje global. García Márquez asegura que el reto de la lengua española es enfrentarse a un porvenir sin fronteras. Habrá que liberarla de sus ataduras para que ingrese al nuevo siglo totalmente libre. Propone humanizar sus leyes, como lo hacen las lenguas indígenas. Analizar hasta qué punto la gramática está acorde con el uso cotidiano. Por qué no asimilar los neologismos técnicos y científicos, se pregunta. Por qué no negociar con los gerundios bárbaros, los qués reiterativos, el dequeísmo. Por qué no jubilar la ortografía enterrando las haches, poniendo más uso de razón en los acentos y viendo si realmente hay alguna diferencia entre la be y la ve. Terminó diciendo que sus propues-tas son sólo conjeturas esperanzadas en llegar a oídos del Dios de las Palabras. Al final de cuentas, afirmó, él y todos nosotros quizá lamentemos que aquella poderosa palabra que evitó el atropello ciclístico hubiera sido pronunciada.
Camilo José Cela fue firme al sostener que debemos emprender una férrea defensa de la lengua común. La lengua como arma, con el fin de darle presen-cia y sentido. Si los hombres cultos del siglo veinte dejaron escapar la oportu-nidad de conservar el latín como la lengua culta internacional, los hombres cultos del siglo veintiuno deberán estar alertas a que el español siga siendo una lengua de uso común. Contamos con una lengua en la que tenemos nues-tra histórica e inmediata circunstancia y la fortuna de saberla digna y sufi-ciente, firme y saludable, lozana y adecuada a los usos, afanes y necesida-des que nos animan a seguir viviendo en ella. Los españoles y los hispanoa-mericanos somos dueños y usuarios de una de las cuatro lenguas del ya pró-ximo futuro. El español ha venido siendo ignorado en no pocos países y desde hace mucho tiempo. Hemos sido testigos de cómo se ha perdido la len-gua en las Filipinas, cómo va camino a perderse en Guinea, en el Sahara y entre los hijos de los emigrantes espa-ñoles y Latinoamericanos. Hay que darse cuenta del peligro y hacerle frente a la dispersión. Cela cree que a todo puede ponerse límite con inteli-gencia y paciencia. Quizá metiendo un poco de orden a nuestro pensamiento y a nuestras inexplicables e ingenuas vergüenzas. Cela señala que los hispa-nohablantes somos el arquetipo del antirracismo puesto que nuestro de-nominador común es la cultura y no el color de la piel. Pide a nuestros gobier-nos un poco de dinero para esta noble causa : la de la defensa de nuestra herramienta de comunicación. Nunca es tarde para poner nuestros ahorros al servicio de los futuros beneficios que serán de todos y serán para todos.
Octavio Paz, quien envió un video con su intervención por tener problemas de salud, habló del amor de los poetas por la palabra. Por sus sonidos, por sus formas. Cada palabra dice y calla. Al poeta se le conoce por las palabras y por sus silencios. El silencio es la tierra que lo entierra y que lo germina. Sin la palabra no seríamos hombres. Las sociedades comienzan y terminan con el intercambio verbal. Hay que saber decir y saber escuchar. Escuchando hablamos con el otro y con nosotros mismos. Hasta que llega un punto en el que comenzamos a escuchar a los muertos. El pasado nos proyecta hacia el futuro. El lenguaje nos da el senti-miento y la conciencia de pertenecer a una comunidad, que en el caso de la lengua española se extiende más allá de las fronteras nacionales. Como ameri-canos la lengua española se nos pre-senta como un idioma que se generó en otro continente y que nos antecede en el tiempo. Eso nos hace conscientes de que es capaz de trascender barreras geográficas e históricas. La lengua nos unificó, hizo posible nuestro naci-miento como naciones. La lengua es de todos y de nadie. Está abierta al uni-verso, es en sí misma un universo.
El Rey Juan Carlos I se refirió en pri-mer lugar al ofrecimiento que el Presi-dente Zedillo hizo en Sevilla de que México celebrara esta reunión cientí-fica. Afirmó que en este Congreso nos convoca el amor por la lengua y la preocupación por su futuro. Considera a México como el lugar ideal como punto de partida para un compromiso de responsabilidad y de cuidado del idioma. Al referirse a los medios de comunicación, dijo que originaban imágenes audaces, innovaciones for-males y nuevas palabras. No son sólo muestras de la vitalidad y variedad de la lengua española, sino que aparecían como una de las principales fuentes de renovación del idioma y de extensión veloz de las novedades. La lengua es-pañola es el gran vínculo de unión de nuestros pueblos, es nuestro mejor bien y su preservación es tarea de todos los miembros de nuestra comunidad. Juan Carlos I finalizó su intervención pi-diendo el esfuerzo de los sistemas edu-cativos en poner especial interés, desde los primeros años de formación escolar, para que sea sentido realmente el amor por la lengua, sentimiento que tendría sus raíces principalmente en el rico pasado y en el prometedor futuro que la lengua ostenta. Felicitó a las institucio-nes que habían hecho posible el Con-greso y deseó que la lengua tuviera un futuro brillante. Finalmente ofreció colaborar en la tarea de amar a nues-tra lengua y de trabajar por su unidad futura.
Lo revelador que puede ser el estudio de una lengua es lo que nos ofrece José Luís Martínez al mostrarnos en un interesante prólogo el largo camino que antecedió a la publicación del Indice de mexicanismos, libro que se presentó ayer en el Palacio de Gobierno de esta ciudad.
Con los comentarios de Andrés Henes-trosa, Miguel León Portilla y Carlos Montemayor, miembros de la Acade-mia Mexicana de la Lengua, José Luis Martínez señala que el Indice es una obra de transición que fija los estudios que sobre el tema se han hecho hasta ahora. Este Indice busca servir de base para la creación de un nuevo Dicciona-rio de Mexicanismos. José Luis Martí-nez comienza refiriéndose a la lista de mexicanismos más antigua, que no casualmente fue un anexo con el que contó una edición del Periquillo Sar-niento, novela que para muchos marca el origen del género novelesco en Lati-noamérica. Habla también del minu-cioso trabajo del Director de la Aca-demia Mexicana, el sabio Joaquín García Icazbalceta (1825-99), y de Francisco Santamaría, quien publicara en el año de 1959 el primer Diccionario de mexicanismos. Para el Indice de Mexicanismos se aceptó el proyecto de Gabriel Zaid, quien propuso trabajar "en espiral", es decir hacer en pocos años de la A la Z, con una cobertura elemental, con el fin de ir ampliándola en sucesivas vueltas rápidas, también de la A a la Z, donde se trabajaría un diccionario ortográfico, uno etimoló-gico y otro histórico con la intención de que las ideas del equipo y las circuns-tancias de la lengua no quedaran selladas sino que pudieran ser revisitadas to-mando el trabajo general en su con-junto. El Indice de Mexicanismos cuenta, además, con un disquete que incluye todo el material impreso, es decir cerca de 60 millones de caracte-res. En los comentarios posteriores Andrés Henestrosa habló del primer encuentro del español con las lenguas indígenas y de cómo las primeras pala-bras que se conocieran han sido respe-tadas hasta la actualidad. Miguel León Portilla resaltó el sistema "en espiral" con que había sido construido el Indice. Cuando se cumplan los objetivos fina-les, destacó, se convertirá en un diccio-nario tan vivo como la lengua misma. Carlos Montemayor destacó que los países y gobiernos iberoamericanos no están trabajando a cabalidad en el fortalecimiento de una base cultural común porque no entendemos la diná-mica de las lenguas vernáculas y por-que se impone el español como lengua de dominio.
En el Museo Goitia, Camilo José Cela reiteró su posición de asumir la lengua como un torrente. Afirmó no estar contento con su obra y que no existían las malas palabras sino los malos oídos.
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